Che Guevara, revolucionario incansable. Una breve biografía.

El Che Guevara murió en octubre de 1967 librando alguna guerra revolucionaria fracasada en algún lugar de Latinoamérica. El pueblo cubano aún rinde tributo a su memoria. El Che era admirado también por la gente que estaba en contra de su ideología.

En 1997 varias osamentas fueron halladas cerca de una remota pista de aterrizaje boliviana una de ellas fue la del Che Guevara. El misterio de 38 años sobre su desaparición finalmente había sido resuelto. Sus restos fueron enviados a Cuba.

El médico argentino de clase media fue sepultado con honores de jefe de estado, dignos de un gran guerrero cubano.

Sus restos finalmente pudieron descansar en paz en un mausoleo construido para él, pero detrás de uno de los rostros más conocidos del mundo yace la historia de una vida que pocos conocen. Una vida que comenzó en la próspera ciudad comercial de Rosario (Argentina). Aquí nació el Che Guevara, presentado como Ernesto Che Guevara.

El 14 de mayo de 1928, su madre Celia ya estaba embarazada cuando contrajo matrimonio, por eso la fecha de nacimiento del Che se registró como 14 de junio.

El aristocrático apellido español-irlandés, Guevara de la Serna Lynch, disfrazaba la exigua fortuna familiar.

La incertidumbre financiera hizo del lugar de nacimiento de Ernesto, apenas el primero de sus muchos hogares. Azaroso comienzo para una vida azarosa.

Durante la niñez de Ernesto, la familia se mudaba de un lugar a otro, mientras que su padre se dedicaba a la ganadería, la agricultura o el negocio de la construcción de buques. Esta incertidumbre mantenía a Ernesto, a sus dos hermanos y a sus dos hermanas al borde del desastre financiero.

La fuente de estabilidad en la vida de Ernesto fueron su abuela, Ana Isabel, su tía Beatriz y principalmente su madre Celia.

Celia, una mujer muy decidida, solía proteger a su hijo preferido. Fue ella quien sembró en Ernesto su ansia interminable de conocimiento.

En 1933 la familia se mudó nuevamente. Esta vez a Alta Gracia (Córdoba, Argentina), un pueblo pequeño en los andes, donde muchas personas iban a convalecer de sus enfermedades.

Ernesto padecía de asma. La familia esperaba que el aire seco y puro de las montañas mejorarán su condición. Allí entre sus ataques de asma Ernesto jugaba alegremente. La lectura lo ayudaba a evadir esos ataques.

La familia Guevara contrató a Rosario Amanda González como niñera y cocinera, con quien Ernesto desarrolló una estrecha relación. Solía deleitarla copiando recetas de cocina de los periódicos para coleccionarlas en un recetario casero, y ya comenzaba a mostrar destrezas para la lectura y escritura muy avanzadas para su edad.

Estas destrezas literarias fueron indicativos de uno de los rasgos más sobresalientes de la personalidad de Ernesto.

Alta Gracia era el lugar ideal para la crianza de Ernesto. Aunque sus ataques de asma continuaban, llevaba una vida feliz en contacto con la naturaleza de este paraíso bucólico. Allí aprendió a pescar y aprendió a nadar en cristalinas cascadas y pozos, donde realizaba arriesgadas acrobacias para divertir a sus amigos.

Pero su precaria salud limitaba constantemente las oportunidades de Ernesto para demostrar su valor y proezas físicas. Tenía periodos de bienestar y gran energía seguidos de serias recaídas. Muchas veces debía quedarse a la orilla de la piscina totalmente vestido sin poder compartirla con su familia.

A causa de su asma, Ernesto comenzó a asistir a la escuela a los nueve años y eso solo cuando las autoridades educativas comenzaron a investigar su ausencia.

Los estudios que su madre le proporcionó en el hogar, aunque ligeramente erráticos, le sirvieron de base, pero Ernesto no tardó en aburrirse de la escuela y comenzó a hacer travesuras.

Pero a pesar de su inteligencia, el trabajo escolar no era suficiente para satisfacerlo. Ernesto no tardó en convertirse en el líder de una pandilla callejera.

La flexible política de puertas abiertas de su madre, le proporcionó a Ernesto gran independencia. El hogar que Celia dirigía, era en cierto sentido radical, en nada parecido al hogar típico.

En la Argentina de los años 30 creó un estilo de vida libre y democrático que Ernesto y sus amigos jamás olvidarían.

La familia de Ernesto solía desdeñar las posesiones personales.

La casa de los Guevara era frecuentada por el compositor español, Manuel de Falla, y otros exiliados del franquismo de España. La educación de Ernesto comenzaba a politizarse.

La creciente conciencia política de Ernesto, comenzó a influir en su forma de tratar a la servidumbre y en la percepción del lugar que ocupaban en la sociedad.

El estilo libre y abierto de la vida familiar de Ernesto incluso comenzó a afectar su forma de pasar el tiempo libre. Sus arrojadas acrobacias dieron paso a entretenimientos más sofisticados mientras recorría los rincones de Alta Gracia con sus amigos. Hasta sus juegos comenzaban a politizarse.

Durante los primeros años de su adolescencia, Ernesto viajaba 50 kilómetros cada día en autobús para asistir a la escuela secundaria. En la capital provincial de córdoba no tardó en hacer amigos y practicar deportes. A pesar de su baja estatura y precaria salud, su tesón lo ayudó a pasar una dura prueba física para convertirse en miembro del equipo de rugby de la escuela.

Pronto, problemas familiares catapultarían a Ernesto Guevara hacia nuevas experiencias, pero antes adquiría una destreza que le sería de gran utilidad en el futuro, el manejo de armas.

En marzo de 1947, la familia Guevara se residenció en Buenos Aires, dejando atrás las montañas de Alta Gracia. El cambio trajo una nueva desgracia financiera y la ruptura del matrimonio de sus padres. Celia no estaba dispuesta a seguir tolerando las infidelidades del padre de Ernesto, quien primero fue desterrado al sofá.

Rodeado de una ruidosa vida familiar y caótica, el nuevo vecindario de los Guevara era un respetable suburbio de clase media. Sus vecinos los consideraban un tanto excéntricos, pero Ernesto, quien ya contaba 18 años de grado, se estaba convirtiendo en un chico algo más que excéntrico.

Ernesto quería ser ingeniero, pero la muerte de su amada abuela de una apoplejía y su propio deseo de hallar una cura para el asma, lo llevaron a estudiar medicina. En mayo de 1947 se inscribió en la escuela de medicina de la universidad de Buenos Aires. Pero Ernesto también había desarrollado un espíritu errante.

El incansable trotamundos continuó su periplo, esta vez solo. Le colocó un pequeño motor a su bicicleta y en sus días libres salía a explorar los rincones de Argentina. Era una Argentina que aún no conocía, un mundo totalmente nuevo para él.

Sus viajes le dejaron profundas impresiones. Ernesto comenzó a verter en su diario las ideas políticas que ocupaban su mente cada vez más.

Volvió de aquel viaje muy reflexivo sobre lo que había visto. Estaba empezando a pensar en la política de la vida. Se veía surgir algo nuevo dentro de él.

Pero algo logró frenar su incansable recorrido. Se enamoró.

María del Carmen Ferreira, «Chichina», era la hija de una acaudalada familia, sin embargo, el estilo de vida iconoclasta de Ernesto no contribuyó a que la relación se consolidara, menos aún las creencias radicales que fue desarrollando en sus viajes.

Las probabilidades de matrimonio eran escasas, así que, en enero de 1952, Ernesto partió hacia un largo viaje con su amigo, el doctor Alberto Granado.

La modesta motocicleta no logró culminar el largo periplo, que incluyó varios países de Sudamérica. La pareja continuó su viaje utilizando varios medios de transporte, y en algunas oportunidades viajaron como polizones en un barco.

La expedición puso a Ernesto en estrecho contacto con los pobres. Comenzó a relacionar las miserias del pueblo con las injusticias sociales impuestas por el imperialismo económico de los Estados Unidos. Este fue el inicio de una recíproca relación de odio que mantuvo durante toda su vida con el país del norte.

La conciencia social del doctor y del estudiante de medicina, lo llevó a una colonia de leprosos en Perú. Su franqueza quedó patente cuando Ernesto se vio obligado a expresar su opinión sobre un mediocre libro de medicina escrito por el patrocinador de la colonia de San Pablo.

Cuando abandonaron la colonia, los leprosos les construyeron una balsa que bautizaron como “Mambo-Tango”, para que prosiguieran su viaje aguas abajo por el Amazonas.

La sencillez y franqueza de la gente que encontró en su viaje, contribuyeron a consolidar la politización de Ernesto.

En esta época escribió en su diario: “Ya no soy el mismo de antes”.

Aunque Ernesto regresó a Buenos Aires para graduarse de médico, pronto partió hacia un viaje mucho más largo, pero esta vez su mente ya no estaba en la práctica de la medicina.

Guatemala marcó un viraje definitivo en su vida. Allí encontró la causa política que buscaba, el respaldo del régimen izquierdista del presidente, Jacobo Árbenz Guzmán. Entre los defensores del régimen conoció a su primera esposa, Hilda, de origen peruano. Aunque la apariencia de Hilda no era su fuerte, Ernesto se sintió inmediatamente atraído hacia ella por sus creencias y filosofía política. Pero apenas se estrenaba en esta causa política cuando fue radicalmente aplastada.

Un golpe orquestado por la CIA derrocó al gobierno de Árbenz, demasiado débil para defenderse.

La caída del régimen tuvo efectos determinantes en la forma de pensar de Ernesto Guevara y en sus acciones futuras.

Ernesto el rebelde se había quedado sin causa. Necesitaba una nueva, y la encontró en otra parte.

Cuba sufría bajo el régimen corrupto y opresivo de Fulgencio Batista. Acaudalados turistas estadounidenses y de otras nacionalidades, llegaban por millares a La Habana, una ciudad plena de placeres inalcanzables para la población.

El dinero y las influencias de Estados Unidos dominaban la isla, pero detrás de las brillantes luces que iluminaban los placeres de la élite cubana, se desarrollaba otra historia.

El resentimiento y la oposición contra el régimen iban en ascenso. El líder de la oposición, Fidel Castro, había conducido un ataque contra un destacamento del ejército.

Después de ser liberado de su confinamiento, Castro se exilió en México, donde comenzó a planificar un golpe para derrocar al gobierno de Batista.

Para entonces, ya Ernesto Guevara estaba en México, y poco después conoció a Castro. El líder cubano tenía planes de invadir cuba, y Ernesto se unió a su causa pocas horas después de conocerlo.

Conspiraron y fueron a prisión junto a otros miembros del movimiento “26 de julio”. En la cárcel, sus mentes y almas bullían de fervor revolucionario.

El Che había encontrado su causa y su tutor.

Ernesto se entregó a esta nueva vida con pasión.

Expediciones a la montaña le suministraron el entrenamiento necesario para estar a la altura de las batallas por venir. Su vida había cambiado por completo. Ahora tocaba el turno a su identidad.

Para entonces el Che Guevara ya tenía una hija, «Hildita». Pero sus asuntos familiares quedaban relegados a un segundo plano después de sus creencias y acciones políticas.

La invasión a cuba se inició el 2 de diciembre de 1956.

El Che zarpó de México con Fidel Castro y 80 guerrilleros a su mando. El Che Guevara había hallado lo que tanto había buscado. Ya no habría vuelta atrás.

Diciembre de 1956. El Che se une a las fuerzas rebeldes de castro para invadir Cuba. El Che recibe una herida en el cuello. Es el médico de los rebeldes, pero ahora está decidido a convertirse en combatiente guerrillero.

La Sierra Maestra a pesar de sus bajas Alturas, presenta grandes obstáculos para el transporte incluso de productos básicos.

Los rebeldes se internan cada vez más en terreno inhóspito.

Al principio el Che y el resto de los revolucionarios, se sienten desamparados

al perder la mayor parte de sus equipos. De los 82 hombres que desembarcaron, sólo 22 se reúnen con el grupo en Sierra Maestra.

En su periodo más crítico, el ejército revolucionario apenas contaba con 17 hombres, todos perseguidos durante varios meses por las fuerzas del gobierno. Pero, a medida que el tiempo transcurre, la influencia del Che entre los cubanos aumenta. Su autoridad y entrega en las batallas más feroces, lo convierten en uno de los guerrilleros más respetados.

El Che es ascendido a comandante, el rango más alto de las filas del ejército revolucionario, y destacado con la famosa estrella que llevó en su boina.

Ansioso por probarse a sí mismo y a sus hombres, el Che decide atacar la guarnición del ejército, en el pequeño pueblo de «Bueyecito», a las faldas de Sierra Maestra.

Los rebeldes buscaban reabastecer su arsenal con el asalto a la guarnición.

Che y sus hombres sitian a los soldados del gobierno, toman prisioneros y saquean la guarnición. La destrucción del puente del pueblo evita la persecución del ejército, pero la posibilidad de ser descubiertos por las fuerzas de Batista es una amenaza permanente.

A la larga el Che busca un nuevo refugio internándose más en las montañas.

Aquí, en la sierra, los hombres reciben entrenamiento para las duras batallas que les esperan, pero además el Che funda un hospital, una pequeña tienda de alimentos y una fábrica improvisada de tabacos.

En su visión prospectiva, consideraba que la sierra era el eje del sistema de educación para adultos.

El Che era popular entre los oficiales y sus subalternos. Era justo con sus

hombres y jamás abusaba de su poder, pero también podía ser cruel e inconmovible.

Cuando se descubrió que había un traidor entre sus hombres, al Che no le tembló el pulso.

El Che, Fidel y los demás oficiales se entrenaban, reclutaban y planificaban la campaña. También realizaban propaganda para su causa, escribieron un periódico y tendieron puentes de comunicación con el mundo exterior.

En febrero de 1958 radio rebelde estaba en el aire transmitiendo desde la sierra.

Aún sin aliento a causa del asma, el Che realizaba transmisiones regulares a favor de la causa, dirigidas al pueblo cubano.

Ernesto tomó por segunda esposa a Aleida, otra revolucionaria. Le confió al partido la seguridad de su primera esposa e hija en Perú.

Durante el empuje final hacia la toma de La Habana, se libró la decisiva batalla de Santa Clara.

La ciudad era el último bastión de la estrategia defensiva de Batista. También era un centro de comunicación vital. Si Santa Clara caía, la guerra estaría ganada.

Batista envió un tren armado con municiones y armamentos, pero el Che y sus hombres utilizaron tractores para destruir la vía férrea y descarrilar el tren. Los guerrilleros se apoderaron de numerosos morteros, armas antiaéreas, bazucas, ametralladoras, 600 rifles y una fabulosa cantidad de municiones tal como lo acentuó el propio Che en su diario.

Esa batalla selló la victoria revolucionaria. Fue en enero de 1959.

El Che Guevara, de 30 años de edad, entró victorioso a la ciudad de La Habana.

Los revolucionarios ganaron la guerra dos años después de su casi desastroso primer desembarco en la isla de Cuba.

Fidel Castro era el líder del pueblo cubano. Ahora Castro convertiría al Che Guevara, el guerrillero revolucionario, en una mezcla incómoda de administrador y burócrata.

La guerra revolucionaria de Cuba había sido ganada.

Era enero de 1959. El Che Guevara se estrenó en su primer cargo en tiempos de paz, como comandante de la fortaleza de La Cabaña. Era efectivamente el jefe de las fuerzas armadas cubanas.

Aquí por primera vez tuvo una oficina y se le asignó una serie de labores administrativas. Una de ellas fue la supervisión de los juicios a criminales de guerra y colaboradores.

La revolución tenía muchos enemigos de los que debía disponer.

Designado por Fidel Castro, el Che fue el principal juez de los destinos de estos hombres.

Alrededor de 50 ejecuciones se realizaron en los viejos muros de la fortaleza.

Bajo las órdenes del Che, las ejecuciones se realizaban contra los árboles, al frente de los muros.

El Che continuaba con su búsqueda de justicia revolucionaria.

El Che ahora tenía un hogar en La Cabaña y disfrutaba de algo similar a la vida familiar. Allí tuvo una emotiva reunión con sus padres, especialmente con su madre.

Ernesto contrajo matrimonio con Aleida después de divorciarse de Hilda, quien aceptó su decisión a regañadientes y profundamente decepcionada.

Fidel Castro le confió a Ernesto otras tareas. Se convirtió en su emisario internacional viajando por todo el mundo en busca de apoyo para su nuevo régimen. Su labor fue sumamente exitosa, especialmente en la unión soviética donde negoció acuerdos de buena voluntad, de comercio y bélicos.

El Che realizó viajes muy exitosos al exterior ya era una celebridad en Cuba, cuando un acontecimiento lo catapultó al estatus de icono y superestrella mundial.

“La Coubre”

Fue un hecho desafortunado. Un buque con armamento cubano estalló en un muelle de La Habana. La explosión dejó un saldo de 100 muertos. Al día siguiente, el Che y otros líderes del gobierno formaron una cadena con sus brazos para seguir el cortejo fúnebre. Poco después un reportero gráfico lo fotografió escuchando los discursos en el funeral y casi por accidente tomó la fotografía más conocida del Che, una de las imágenes más famosas e influyentes del siglo.

Posteriormente Castro lo nombró director del banco nacional, el banco que salvó a Cuba de la bancarrota cuando él mismo retiró las reservas en oro de Cuba de Fort Knox, antes de que los Estados Unidos bloquearan todos sus activos en territorio estadounidense.

El riguroso Che Guevara, tomó su trabajo muy en serio.

El Che tuvo cuatro hijos más con Aleida. Su primera familia había quedado relegada a un segundo plano por la guerra. Su otra familia ocupaba un segundo lugar en su vida en paz. Sus nuevos deberes tanto oficiales como voluntarios le dejaban poco tiempo para compartir con ella.

Los soviéticos habían introducido cantidades de armamento convencional en Cuba.

Cuando comenzaron a desarrollar armamentos más avanzados, la crisis con los Estados Unidos se hizo inminente. La unión soviética había instalado misiles nucleares en territorio cubano que apuntaban hacia Estados Unidos, el país al que el Che odiaba tan profundamente.

La unión soviética cedió, y los misiles fueron retirados.

El Che perdió la poca fe que le quedaba en la unión soviética y sus aliados comunistas.

Estás irrenunciables creencias políticas del Che, ya no tenían lugar en la pacífica Cuba. Sentía simpatía por los norvietnamitas, pero otros países necesitaban su ayuda.

Había nuevas guerras revolucionarias por librar.

El Che permanecía confinado en sus labores ministeriales, pero en el fondo de su corazón seguía siendo un revolucionario.

A principios de 1965 surgió una oportunidad revolucionaria en África central.

El Che Guevara abandonó La Habana para perseguir sus creencias en la revolución armada.

Fue en abril de 1969 cuando lideró la insurrección apoyada por Cuba en el Congo, en áfrica central, pero tuvo problemas con sus aliados africanos.

La aventura fue un desastre y poco después el Che y sus hombres fueron expulsados.

Para los soldados cubanos, sus camaradas africanos no eran soldados satisfactorios.

Fue en el Congo donde el Che supo de la muerte de su madre. Había

perdido a su alma gemela, a su amiga de toda la vida.

El rostro del Che, uno de los más famosos del mundo, ahora debía experimentar una transformación sorprendente.

Para poder entrar y salir del Congo en secreto, su apariencia debía transformarse drásticamente. Pero para su próxima y última misión debía cambiar aún más.

El Che Guevara, el revolucionario definitivo, se convirtió en un hombre de negocios insulso y anónimo.

Fidel Castro ya conocía los disfraces del Che. Ahora que su camarada partía hacia su última misión, despidió al revolucionario de aspecto tan poco tradicional en su partida hacia Bolivia.

El Che vio en Bolivia un paso que lo acercaría más al sueño de llevar su revolución a su propia tierra, Argentina.

Pero Bolivia se convirtió en el escenario de su caída.

El Che, arrogantemente, rechazó la ayuda de su único aliado potencial.

El fracaso de la campaña había comenzado a gestarse.

El Che fue abandonado por aquellos a quienes pretendió ayudar.

Poco después el gobierno descubrió su paradero.

Agobiado por el asma, rompió una regla de oro, el silencio absoluto de su ubicación en el campo de batalla.

El Che fue capturado y encerrado en una celda. Esa misma noche un agente de la CIA le informó que iba a ser ejecutado.

En octubre de 1967, el cadáver del Che Guevara fue inyectado con formaldehído para retardar su descomposición.

Sus restos fueron exhibidos con ostentación ante el mundo.

A los 39 años de edad moría el Che Guevara, “el hombre”, pero el Che Guevara, “la leyenda”, apenas nacía.

«Ha sobrevivido hasta hoy debido a lo romántico de la historia: Un hombre que ha tenido de todo y renuncia a ello para luchar por sus creencias.»

Richard Gott, historiador y jornalista.

 

Artículo extraído del reportaje «Che, revolucionario incansable», emitido en The Biography Channel Latinoamérica.